Siddhartha – por Hermann Hesse

Esta novela está llena de lecciones aplicables a muchos ámbitos de nuestras vidas. Cada conversación de Siddhartha, nos ofrece una manera de pensar invaluable. La historia es interesante e intrigante de principio a fin.

Idioma original: Inglés
Fecha leído: Marzo 2017
Recomendación: 10/10.

Mis notas

Siddhartha había empezado a sospechar que su venerable padre y sus otros maestros, que los sabios brahmanes ya le habían revelado lo mejor de su sabiduría, que ya ellos habían llenado su recipiente de expectativas con su riqueza, y el recipiente no estaba lleno, el espíritu no estaba contento, el alma no estaba tranquila, el corazón no estaba satisfecho.Pero ¿dónde, dónde estaba esta parte más íntima, esta parte fundamental y única? No era de carne y hueso, no era pensamiento ni conciencia, así como los más sabios enseñaban. Entonces, ¿dónde, dónde estaba? Para llegar a este lugar, el yo, yo, el Atman, había otra manera, ¿la cual valía la pena buscar? ¡Ay, y nadie lo mostró así, nadie lo sabía, su padre no, y tampoco los maestros y sabios, ni los santos cantos de sacrificio! Lo sabían todo, los brahmanes y sus libros sagrados, lo sabían todo, se habían ocupado de todo y de más que de todo, de la creación del mundo, del origen del habla, de la comida, de la inhalación, de la exhalación, los sentidos, los actos de los dioses, sabían infinitamente mucho, pero ¿era valioso saber todo esto, sin saber aquella y única cosa, lo más importante, lo único importante?

—–
Siddhartha entró a la habitación, donde su padre estaba sentado en una alfombra, se puso detrás de su padre y permaneció allí, hasta que su padre sintió que alguien estaba detrás de él.
Dijo el Brahmán: ¿eres tú, Siddhartha?, entonces dí lo que viniste a decir.
Siddhartha: con tu permiso, padre mío, he venido a decirte que mi deseo es salir mañana de tu casa e ir con los ascetas. Mi deseo es convertirme en un Sramana. Ojalá mi padre no se oponga a esto.
El Brahmán se quedó en silencio y permaneció en silencio durante tanto tiempo que las estrellas de la pequeña ventana vagaron y cambiaron sus posiciones relativas, antes de que el silencio se rompiera. Silencioso e inmóvil estuvo el hijo con los brazos cruzados, silencioso e inmóvil estuvo sentado el padre en la alfombra, y las estrellas trazaban sus caminos en el cielo.
Entonces, habló el padre: No es apropiado que un brahmán diga palabras fuertes y enojadas, pero siento indignación en mi corazón. Deseo no escuchar una segunda vez este pedido por parte de tu boca.
Lentamente, el Brahmán se levantó; Siddhartha se quedó en silencio, con los brazos cruzados.
¿Que estás esperando?, preguntó el padre.
Usted sabe qué. Dijo Siddhartha.

—–
Luego de pasar toda la noche, antes de que comenzara el día, regresó el Brahmán y entró a la habitación donde estaba el joven esperando parado en el mismo lugar, parecía más alto y como un extraño para él.
– Siddhartha, dijo el padre, ¿qué estás esperando?
– Usted sabe qué. Dijo Siddhartha.
– ¿Siempre estarás así de pie y esperarás, hasta que llegue la mañana, el mediodía y la noche?
– Estaré de pie y esperaré.
– Usted se cansará, Siddhartha.
– Me cansaré.
– Te quedarás dormido, Siddhartha.
– No me dormiré.
– Tú morirás, Siddhartha.
– Moriré.
– ¿Y preferirías morir, antes que obedecer a tu padre?
– Siddhartha siempre ha obedecido a su padre.
– ¿Así que abandonarás tu plan?
– Siddhartha hará lo que su padre le diga que haga.

Al amanecer, el Brahmán vió que a Siddhartha le temblaban las rodillas suavemente, pero su rostro estaba inmóvil. Sus ojos estaban fijos en un punto distante. Entonces su padré reconoció que ya Siddhartha lo había dejado, aún viviendo en su casa.

Así será, dijo el padre. Vé al bosque y sé un Sramana, cuando encuentres la felicidad en el bosque, entonces regrasa y enséñame a ser feliz. Si encuentras decepción, entonces regresa y de nuevo haremos ofrendas a los dioses. Vé ahora y besa a tu madre, dile a dónde vas. Para mí ya es hora de ir al río y realizar la primera ablución.

—–
Una meta estaba ante Siddhartha, una sola meta: quedarse vacío, vacío de sed, vacío de desear, vacío de sueños, vacío de alegría y tristeza. Muerto para sí mismo, no ser un ser nunca más, encontrar la tranquilidad, abierto a los milagros en pensamientos desinteresados, esa era su meta. Una vez que todo mi ser sea superado, una vez que cada deseo y cada impulso estaba en silencio en el corazón, entonces la parte esencial de mí tuvo que despertar, lo más íntimo de mi ser, que ya no es mi yo, el gran secreto.

—–
Siddhartha se sentó derecho y aprendió a respirar con moderación, aprendió a estar bien con sólo unas pocos respiraciones, aprendió a dejar de respirar. Aprendió, empezando por el aliento, a calmar el latido de su corazón, se inclinó para reducir los latidos de su corazón, hasta que eran sólo unos pocos y casi ninguno.

—–
Siddhartha: ¿Cómo crees que, Govinda, ¿cómo crees que hemos progresado? ¿Alcanzamos alguna meta?

Govinda: Hemos aprendido, y seguiremos aprendiendo. Serás un gran Sramana, Siddhartha. Rápidamente, has aprendido todos los ejercicios, a menudo los viejos Sramanas te han admirado. Un día, serás un hombre santo, oh Siddhartha.

Siddhartha: No puedo dejar de sentir que no es así, mi amigo. Lo que he aprendido, estando entre los Sramanas, hasta el día de hoy, esto, oh Govinda, podría haberlo aprendido más rápidamente y por medios más sencillos. En cada taberna de esa parte de una ciudad donde están los burdeles, amigo mío, entre carreteros y apostadores podría haberlo aprendido.

Govinda: Siddhartha, ¿Cómo podría usted haber aprendido meditación, contener su respiración, insensibilidad contra el hambre y el dolor allí entre esas miserables personas? Y Siddhartha dijo en voz baja, como si estuviera hablando consigo mismo:

¿Qué es la meditación? Qué es salirse de su propio cuerpo? ¿Qué es el ayuno? ¿Qué es mantener la respiración? Eso es huir del yo, es un corto escape de la agonía de ser uno mismo, es un pequeño entumecimiento de los sentidos contra el dolor y la inutilidad de la vida.

La misma fuga, el mismo adormecimiento breve es lo que el carretero de bueyes encuentra en la posada, bebiendo unas cuantas tazas de vino de arroz o de leche de coco fermentada. Entonces ya no sentirá más, entonces ya no sentirá los dolores de la vida, entonces él encuentra un pequeño entumecimiento de los sentidos. Cuando se duerme sobre su taza de vino de arroz, él encontrará lo mismo que Siddhartha y Govinda encuentran cuando escapan de sus cuerpos a través de largos ejercicios permaneciendo fuera de sí mismos. Así es como es, oh Govinda.

—–
Siddhartha, analizó sus pensamientos y se preguntó: Pero ¿qué es esto, lo que has tratado de aprender de las enseñanzas y de los maestros, y lo que ellos, que te han enseñado mucho, todavía no pudieron enseñarte? Y él encontró: Era el yo, el propósito y la esencia de lo que trataba de aprender. Era el yo del que quería liberarme, el cual yo trataba de superar, pero no pude superarlo, solo podía engañarlo, sólo podía huir de él, sólo esconderse de él.

Otro pensamiento le surgió:

Que no sé nada de mí, que Siddhartha ha permanecido así extraño y desconocido para mí, proviene de una causa, una sola causa: yo tenía miedo de mí mismo, yo estaba huyendo de mí mismo! Busqué a Atman, busqué a Brahman, estuve dispuesto a disecarme y despegar todas las capas, a encontrar el núcleo de todas las cáscaras en su interior desconocido, el Atman, la vida, la parte divina, la parte esencial. Pero me he perdido en el proceso.

—–
Kamala: ¿Un consejo? ¿Por qué no? ¿Quién no quiere dar un consejo a un pobre e ignorante Sramana, que viene desde los chacales del bosque?

Siddhartha: Querida Kamala, así aconséjame a dónde debo ir, para encontrar ropa, zapatos, y dinero más rápidamente?

Kamala: Amigo, a muchos les gustaría saber esto. Debes hacer lo que has aprendido y pedir dinero, ropa y zapatos a cambio. No hay otra manera de que un pobre obtenga dinero. ¿Qué podrías ser capaz de hacer?

Siddhartha: Puedo pensar. Puedo esperar. Puedo ayunar.

Kamala: ¿Nada más?

Siddhartha: Nada. Pero sí, también puedo escribir poesía. ¿Te gustaría darme un beso por un poema?

Kamala: Me gustaría, si me gusta tu poema.

—–
Tú has tenido suerte, dijo Kamala cuando se separaron. Te estoy abriendo una puerta tras otra para ti. ¿Cómo? ¿Tienes un hechizo? Siddhartha dijo:

Ayer, te dije que sabía cómo pensar, esperar y ayunar, pero pensaste que esto era inútil. Pero es útil para muchas cosas, Kamala, ya verás. Verás que los estúpidos Sramanas están aprendiendo y son capaces de hacer muchas cosas bonitas en el bosque, que ustedes no son capaces de hacer. Antes de ayer, todavía era un mendigo peludo, y tan pronto como ayer besé a Kamala, y pronto voy a ser comerciante y tener dinero y todas esas cosas en las que insistes.

Así es cuando Siddhartha tiene una meta, una resolución. Siddhartha no hace nada, él espera, él piensa, él ayuna, pero pasa por las cosas del mundo como una roca a través del agua, sin hacer nada; se siente atraído, se deja caer. Su meta lo atrae, porque no deja que nada entre en su alma que podría enfrentar la meta. Esto es lo que Siddhartha ha aprendido entre los Sramanas. Esto es lo que los tontos
llaman magia y de la cual piensan que se haría por medio de los demonios. Nada se efectúa por demonios, no hay demonios. Todo el mundo puede hacer magia, todo el mundo puede alcanzar sus metas, si es capaz de pensar, si es capaz de esperar, si es capaz de ayunar.

—–
Todo el mundo da lo que tiene, el guerrero da fuerza, el comerciante da mercancía, el maestro enseñanzas, el agricultor arroz, el pescador pescados. Dijo Siddhartha.

Así es. ¿Y qué es ahora lo que tienes para dar? ¿Qué es lo que has aprendido, lo que eres capaz de hacer? Dijo Kamaswami el comerciante.

Puedo pensar, puedo esperar, puedo ayunar.

¿Eso es todo?

¡Creo que eso es todo!

¿Y cuál es el uso de eso? Por ejemplo, el ayuno… ¿para qué sirve?

Es muy bueno, señor. Cuando una persona no tiene nada que comer, ayunar es lo más inteligente que puede hacer. Cuando, por ejemplo, Siddhartha no había aprendido a ayunar, el tendría que aceptar cualquier tipo de trabajo antes de que termine este día, ya sea con usted o donde sea, porque el hambre lo obligaría
a hacerlo. Pero así, Siddhartha puede esperar tranquilamente, no conoce la impaciencia, no conoce ninguna emergencia, durante mucho tiempo puede permitir que el hambre lo asedie y puede reírse de ello. Esto, señor, es para lo que el ayuno es bueno.

—–
Siddhartha superó al comerciante, en calma y ecuanimidad, y en el arte de escuchar y profundamente entender a la gente previamente desconocida. Este Brahman, le dijo el comerciante a un amigo,

No es un buen comerciante y nunca será uno, nunca hay pasión en su alma cuando dirige nuestro negocio. Pero él tiene esa cualidad misteriosa de aquellas personas a las que el éxito viene por sí mismo, si ésta puede ser una buena estrella de su nacimiento, magia, o algo que ha aprendido entre los Sramanas. Siempre parece estar jugando con los asuntos de negocios, nunca llegan a ser parte de él, nunca lo gobiernan nunca tiene miedo del fracaso, nunca está enojado por una pérdida.

—–
Es una vida hermosa la que has escogido para ti, dijo Siddhartha a Vasudeva, el barquero. Debe ser hermoso vivir cada día por este río y navegarlo también. Con una sonrisa, el hombre del remo se movió de un lado a otro. Es hermoso, señor, es como usted dice. Pero ¿no es cada vida, no es cada trabajo hermoso?

—–
Vasudeva a Siddhartha:

Querido, ¿has olvidado por completo esa historia, esa historia que contiene tantas lecciones, esa historia sobre Siddhartha, el hijo de un Brahman, que una vez me dijiste aquí en este mismo lugar? ¿Quién ha mantenido al Siddhartha el Sramana a salvo del pecado, de la avaricia, de la locura? ¿Fueron la devoción religiosa de su padre, las advertencias de sus maestros, su propio conocimiento, su propia búsqueda capaz de mantenerlo seguro? ¿Qué padre, qué maestro pudo haberlo protegido de vivir su vida por sí mismo, de ensuciarse a sí mismo con la vida, de cargarse de culpa, de beber la bebida amarga por sí mismo, de encontrar su camino para sí mismo? ¿Pensaría usted, querido mío, que tal vez alguien podría ser ahorrado de tomar este camino? ¿Que quizás tu pequeño hijo se salve de ese camino, porque tú lo amas, porque te gustaría evitarle sufrimiento, dolor y decepción? Pero incluso si usted muere diez veces por él, usted no sería capaz de tomar la menor parte de su destino sobre ti.

—–

Siddhartha: ¿Qué debo decirle, oh venerable Monje? Que quizás usted está buscando demasiado lejos? ¿Que en toda esa búsqueda, no encuentras el tiempo para encontrar?
Govinda: ¿Por qué?

Siddhartha:

Cuando alguien está buscando, entonces fácilmente podría suceder que la única cosa que sus ojos ven es solo aquello que busca, que es incapaz de encontrar algo, de dejar que algo entre en su mente, porque él siempre piensa en nada más que en el objeto de su búsqueda, porque tiene un objetivo, porque está obsesionado con el objetivo. Buscar significa: tener un objetivo. Pero encontrar significa: ser libre, estar abierto, no tener un objetivo.

Tú, oh venerable, tal vez seas un buscador, porque, esforzándote por tu objetivo, hay muchas cosas que no ves, las cuales están directamente en frente de tus ojos.

—–

Siddhartha: La sabiduría no puede ser transmitida. La sabiduría que un hombre sabio trata de transmitir a alguien siempre suena como una tontería.

Govinda: ¿Estás bromeando?

Siddhartha:

No estoy bromeando. Te estoy diciendo lo que he encontrado. El conocimiento
puede ser transmitido, pero no la sabiduría. Esta se puede encontrar, se puede vivir, es posible ser llevado por ella, se pueden realizar milagros con ella, pero no puede expresarse en palabras y enseñarse. Esto era lo que yo, incluso siendo un hombre joven, a veces sospechaba, era lo que me alejaba de los maestros.

El mundo, mi amigo Govinda, no es imperfecto, o está en un camino lento hacia la perfección: no, es perfecto en cada momento, todo pecado ya lleva el perdón divino en sí mismo.

—–

Siddhartha:

Veo todo lo que existe como bueno, la muerte es para mí como la vida, el pecado como la santidad, la sabiduría como la tontería, todo tiene que ser como es, todo sólo requiere mi consentimiento, sólo mi voluntad, mi acuerdo de amor, para ser bueno para mí, para no hacer más que trabajar para mi beneficio, para no poder nunca hacerme daño. He experimentado en mi cuerpo y en mi alma que necesitaba mucho el pecado, necesitaba la lujuria, el deseo de posesiones, la vanidad, y necesitaba la desesperación más vergonzosa, para aprender a renunciar a toda resistencia, para aprender cómo amar al mundo, para dejar de compararlo con algún mundo que deseaba, que imaginaba, algún tipo de perfección que había inventado, sino dejarlo como está y amarlo y disfrutar ser parte de él.

—–

Siddhartha: el amor, oh Govinda, me parece que es lo más importante de todo. Para entender bien el mundo, para explicarlo, para despreciarlo, puede ser lo que hacen los grandes pensadores. Pero yo sólo estoy interesado en poder amar el mundo, no despreciarlo, no odiarlo, poder mirarlo, a mí y a todos los seres con amor, admiración y gran respeto.

Govinda: esto lo entiendo. Pero esto mismo Buda descubrió que era un engaño. Él ordena benevolencia, clemencia, simpatía, tolerancia, pero no amor; él nos prohibió amar a las cosas terrenales.

Siddharta:

Sé que Buda y yo estamos de acuerdo. ¡Cómo no va a conocer el amor, él, quien ha descubierto todos los elementos de la existencia humana en su transitoriedad, en su falta de sentido, y sin embargo ha amado tanto a las personas, a utilizar una vida larga y laboriosa sólo para ayudarlos, enseñarlos! Incluso con él, incluso con tu gran maestro, prefiero las cosas sobre las palabras, pon más importancia a sus actos y
a su vida que a sus discursos, más a los gestos de sus manos que a sus opiniones. No en su discurso, no en sus pensamientos, veo su grandeza, sólo en sus acciones, en su vida.

© 2017, Erwin Pérez

 

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